MI MAESTRO RAPHAEL

A la hora de querer reflejar expresividad en mis dibujos, transmitir nervio y sentimiento, al final siempre se me viene una imagen: la de Raphael. Raphael de mil maneras. Y tarde o temprano acaba siendo el impulso de mis emociones. A veces salen dibujos que no estaban en mis planes. Simplemente surgen, entendiendo por simple lo que es espontáneo, pues no hay nada simple en Raphael. Noto que alguien o algo me dirigiera la mano como al niño que escribe su primera ortografía. Y de una primera voluntad que parece secuestrada, salen dibujos como este.

Mi admiración hacia él se ha sumado a un aprendizaje muy profundo. Lo dibujo ya no sólo porque sea EL ARTISTA, sino porque también se cuela entre mis ideas y parece como parte de las disciplinas y asignaturas de mis estudios: su gran riqueza expresiva lo convierte en mi reto, él me permite aprender y avanzar gracias a su interpretación en cada momento. Su manera de actuar es idónea para que un pintor satisfaga la necesidad de querer crear arte con manchones, líneas, brillos, degradados… Voy con todo a la conquista de una mímica genial. Porque todo se puede trabajar con él, yo lo siento así.

En el caso de Raphael no me gustan los retratos estáticos y corrientes, él se sale de eso, precisamente porque ofrece todo lo contrario en cada segundo, es pura mutación actoral, camaleónico según la historia que toca. En el escenario nos hace vivir con él cada canción, no las vive sólo, lo acompañamos en su dolor, en su alegría, en su nostalgia, en su llanto y euforia… No evito la energía que me transmite para realizar cada trazo. Doy a luz en mis dibujos a un ser que deja sin silencios.

Beatriz Galiano




CAMALEÓNICO BOSÉ

EN MI CUENTA DE INSTAGRAM
https://www.instagram.com/beatrizgaliano_artista/


PINTURA

_________________________________________________________________________________________________________________


Para Beatriz Galiano arte y reto son sinónimos. Sabe que no se llega a nada grande, en la vida y en el amor, que parta del concepto de seguridad. No hay quien la haga abandonar de esa especie temeraria de funambulismo sin red en su pintura. Vive en Sevilla, ama a Sevilla, pero siempre le he recomendado que piense como una parisina o que sienta sus creaciones como si estuviera en New York. La gente más común podría asfixiarla más allá del aire de los azahares. Tiene sólo 22 años y dispone de toda la libertad que llega mucho más lejos de la estación de Santa Justa. Debe desoir constantemente los frenos de la envidia sevillana, que es una agravante de las envidias de cualquier otra parte.
Una vez más no tiene miedo a Bosé, no teme a quedarse atrapada en una de las metamorfosis del artista, como la chica tonta de la película que acaba doblándose el tobillo en una persecución. Beatriz es especialista en velocidad. Acaba de fijar nada menos que al camaleónico Bosé en la vieja maestría de Andy Warhol, el inventor del Pop Art, que ella renueva con este retrato fechado en esta tarde de octubre de 2018 del siglo XXI.
Pepe Fuertes

BALADA TRISTE DE TROMPETA...

EN MI CUENTA DE INSTAGRAM



Siempre quise que mis dibujos sobre él tuvieran vida, como la que Raphael se deja cada vez que sale al escenario. No hubiera sido justo pintarlo de otra manera. Por eso me entrego sin reservas, porque de otra forma no lograría mi objetivo de retratar al artista que me lo da todo cantando. Lo pinto como si sintiera que debo devolverle algo: algo de su aliento, algo de su respiración, algo de su cansancio de cantarle a las estrellas. Cuando los conciertos tocan a su fin, cuando nos dice a su público que nos ama con la fuerza de los mares y el ímpetu del viento, a punto ya de levantarme, tengo siempre la mala conciencia de que por su generosidad me llevo de él más de lo que me pertenece. Pinto a Raphael como si saldara una deuda con él.
Hoy pasó ante mis ojos el lamento que atravesó los tiempos, su balada de la trompeta. Y me detuve asombrada al ver cruzarse los caminos entre el cine y el teatro, el actor y el cantante. Se movía, se agitaba, se dolía por un pasado que murió… Mi reto fue pintarlo nada menos que en un sollozo -¡un sollozo de Raphael!-, oírlo en un quejido lacerante que se clava como a martillazos de su voz, persistente, como si estuviera martirizada. Es su voz, pero azotada, en el difícil prodigio artístico de convertir en hermosa una tortura. Canta flagelado por una ausencia… Y yo me he querido dejar en jirones de color un instante eterno lleno de ayes y suspiros, una imagen para la historia. Raphael no tiene precio, pero algo digo yo que habré podido pagar lo que él merece como artista.

Beatriz Galiano





LA VUELTA

EN MI CUENTA DE INSTAGRAM



He terminado con la sensación de haber pintado un templo. El Olympia lo fue, lo es, lo será… Sabe a ceremonias, a liturgia, huele a lugar sagrado. Allí llegó a proclamarse la mejor música por los más grandes. Guarda la voz de Piaf, de Chevalier, de Brel o de Becaud, como si fuera una psicofonía de la gloria, un más allá del que llegaran los aplausos interminables… Y guarda también la voz de Raphael. La voz que dejó en una lejana noche de 1967, aquella de la foto donde el amor le aprieta la cara.


Raphael vuelve al Olympia y yo lo siento estremecida como el anuncio de un gran acontecimiento. Mi júbilo va en un cartel que distribuye dos tiempos cromáticos, ayer y hoy, unidos como por un puente negro de fondo de soires de París. Queda como un meridiano invisible que deja arriba el recuerdo imborrable de monsieur Coquatrix presentando al artista, con su nombre luminoso, en la fachada levantada de neón. Y un vago eco de celuloide, de NODO que envía al mundo entero el telegrama del éxito, cuando un artista español conquistó lo que nadie antes había conquistado.



Abajo está Raphael hoy, pletórico, feliz, joven, vivo en sus ojos con brillo de presente y sonriendo como un día lo quiso Barclays para sus portadas. Abajo queda la eterna habilidad artística de Raphael: regresar con caminos de ida. El siempre hace el milagro de volver yendo. Y nosotros lo esperamos donde siempre, pero en el nuevo día de otra gran noche.



Beatriz Galiano.



A primera hora de esta mañana, el artista internacional se puso en contacto con Beatriz Galiano para manifestarle cuánto le ha gustado el cartel que la jovencísima pintora sevillana ha dedicado a su próximo concierto en el Olympia de París. Raphael le ha expresado especialmente su gratitud por haberse visto sorprendido al encontrar, entre los diversos dibujos que componen esta nueva obra de Beatriz, la evocación de la escena en la que su padre, ya en el camerino, va a besarlo emocionado tras el triunfo de la primera vez que debutó en el prestigioso templo de la música, en 1967. El cantante le ha hecho saber a Beatriz que ha mandado a sus colaboradores guardar el cartel entre sus más preciados recuerdos, así como el texto explicativo de sus motivos, al que ha calificado de precioso.

MOVEMENT

EN MI CUENTA DE INSTAGRAM
https://www.instagram.com/beatrizgaliano_artista/
Intento que mi pintura haga sentir facilidad donde yo exploré mis dificultades.



CONEXIONES II

EN MI CUENTA DE INSTAGRAM
https://www.instagram.com/beatrizgaliano_artista/
La vida es una trama de color bien urdida hasta cuando nos faltan explicaciones.



MÁS SEGUIDORES