CAMALEÓNICO BOSÉ

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PINTURA

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Para Beatriz Galiano arte y reto son sinónimos. Sabe que no se llega a nada grande, en la vida y en el amor, que parta del concepto de seguridad. No hay quien la haga abandonar de esa especie temeraria de funambulismo sin red en su pintura. Vive en Sevilla, ama a Sevilla, pero siempre le he recomendado que piense como una parisina o que sienta sus creaciones como si estuviera en New York. La gente más común podría asfixiarla más allá del aire de los azahares. Tiene sólo 22 años y dispone de toda la libertad que llega mucho más lejos de la estación de Santa Justa. Debe desoir constantemente los frenos de la envidia sevillana, que es una agravante de las envidias de cualquier otra parte.
Una vez más no tiene miedo a Bosé, no teme a quedarse atrapada en una de las metamorfosis del artista, como la chica tonta de la película que acaba doblándose el tobillo en una persecución. Beatriz es especialista en velocidad. Acaba de fijar nada menos que al camaleónico Bosé en la vieja maestría de Andy Warhol, el inventor del Pop Art, que ella renueva con este retrato fechado en esta tarde de octubre de 2018 del siglo XXI.
Pepe Fuertes

BALADA TRISTE DE TROMPETA...

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Siempre quise que mis dibujos sobre él tuvieran vida, como la que Raphael se deja cada vez que sale al escenario. No hubiera sido justo pintarlo de otra manera. Por eso me entrego sin reservas, porque de otra forma no lograría mi objetivo de retratar al artista que me lo da todo cantando. Lo pinto como si sintiera que debo devolverle algo: algo de su aliento, algo de su respiración, algo de su cansancio de cantarle a las estrellas. Cuando los conciertos tocan a su fin, cuando nos dice a su público que nos ama con la fuerza de los mares y el ímpetu del viento, a punto ya de levantarme, tengo siempre la mala conciencia de que por su generosidad me llevo de él más de lo que me pertenece. Pinto a Raphael como si saldara una deuda con él.
Hoy pasó ante mis ojos el lamento que atravesó los tiempos, su balada de la trompeta. Y me detuve asombrada al ver cruzarse los caminos entre el cine y el teatro, el actor y el cantante. Se movía, se agitaba, se dolía por un pasado que murió… Mi reto fue pintarlo nada menos que en un sollozo -¡un sollozo de Raphael!-, oírlo en un quejido lacerante que se clava como a martillazos de su voz, persistente, como si estuviera martirizada. Es su voz, pero azotada, en el difícil prodigio artístico de convertir en hermosa una tortura. Canta flagelado por una ausencia… Y yo me he querido dejar en jirones de color un instante eterno lleno de ayes y suspiros, una imagen para la historia. Raphael no tiene precio, pero algo digo yo que habré podido pagar lo que él merece como artista.

Beatriz Galiano





LA VUELTA

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He terminado con la sensación de haber pintado un templo. El Olympia lo fue, lo es, lo será… Sabe a ceremonias, a liturgia, huele a lugar sagrado. Allí llegó a proclamarse la mejor música por los más grandes. Guarda la voz de Piaf, de Chevalier, de Brel o de Becaud, como si fuera una psicofonía de la gloria, un más allá del que llegaran los aplausos interminables… Y guarda también la voz de Raphael. La voz que dejó en una lejana noche de 1967, aquella de la foto donde el amor le aprieta la cara.


Raphael vuelve al Olympia y yo lo siento estremecida como el anuncio de un gran acontecimiento. Mi júbilo va en un cartel que distribuye dos tiempos cromáticos, ayer y hoy, unidos como por un puente negro de fondo de soires de París. Queda como un meridiano invisible que deja arriba el recuerdo imborrable de monsieur Coquatrix presentando al artista, con su nombre luminoso, en la fachada levantada de neón. Y un vago eco de celuloide, de NODO que envía al mundo entero el telegrama del éxito, cuando un artista español conquistó lo que nadie antes había conquistado.



Abajo está Raphael hoy, pletórico, feliz, joven, vivo en sus ojos con brillo de presente y sonriendo como un día lo quiso Barclays para sus portadas. Abajo queda la eterna habilidad artística de Raphael: regresar con caminos de ida. El siempre hace el milagro de volver yendo. Y nosotros lo esperamos donde siempre, pero en el nuevo día de otra gran noche.



Beatriz Galiano.



A primera hora de esta mañana, el artista internacional se puso en contacto con Beatriz Galiano para manifestarle cuánto le ha gustado el cartel que la jovencísima pintora sevillana ha dedicado a su próximo concierto en el Olympia de París. Raphael le ha expresado especialmente su gratitud por haberse visto sorprendido al encontrar, entre los diversos dibujos que componen esta nueva obra de Beatriz, la evocación de la escena en la que su padre, ya en el camerino, va a besarlo emocionado tras el triunfo de la primera vez que debutó en el prestigioso templo de la música, en 1967. El cantante le ha hecho saber a Beatriz que ha mandado a sus colaboradores guardar el cartel entre sus más preciados recuerdos, así como el texto explicativo de sus motivos, al que ha calificado de precioso.

RAPHAEL DE PAYASO

La noción que hoy tenemos de capturar algo, fracasa estrepitosamente con Raphael. Hasta en un solo instante, Raphael es pura libertad de movimientos, inmensidad sin límites de la expresión humana. Cualquier segundo de Raphael, lleva su historia entera. Incluso quieto y detenido en una evocación como esta, vestido de payaso, Raphael es un sentimiento dinámico, vivo, absolutamente vivo. Esa asombrosa agilidad suya en la aparente parálisis de un retrato, es precisamente mi reto incansable y apasionante frente al artista más escénico de todos los tiempos. Y en la escena es dónde más me gusta “retratarlo” sin retratos. Ahí lo dejo, envuelto por un aroma de viejas tablas de antigua carpa de circo donde empezó el sueño… Ahí lo dejo, en el justo momento desde el que nunca quedará apresado, desde el que siempre se moverá eternamente.

Beatriz Galiano





Raphael es el infalible amigo de sus amigos. Ni en la vorágine de su vida artística, de aeropuerto en aeropuerto, de una ciudad a otra, tantas veces desde un punto geográfico al otro más opuesto del mundo, deja de mirar a quienes aprecia, y encuentra tiempo de donde sea para corresponder con el cariño que recibe: así lo ha hecho de inmediato con su amiga Beatriz Galiano, la jovencísima pintora y escultora que vuelve a recibir el agradecimiento del artista internacional por esta nueva obra dedicada a su querido y admirado Raphael.





ENLACE A LA PRESTIGIOSA WEB DE RAPHAEL SPACE CLUB (RUSIA)
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MILLÁN SALCEDO RECIBE ADMIRADO SU RETRATO

El famoso humorista Millán Salcedo, todo un clásico del humor español desde los tiempos de Martes y Trece, ha recibido hoy de manos de Beatriz Galiano el retrato que la jovencísima pintora y escultora, de sólo 22 años, le ha realizado, inspirado en uno de los gestos de su característica expresividad. Millán se mostró gratamente sorprendido al verse captado tan fielmente por Beatriz. Aunque gran parte de sus obras se desarrollan en temática abstracta, Beatriz Galiano se ha revelado siempre polifacética, muy capacitada para llevar a cabo los retratos que han causado la admiración de sus modelos más famosos, entre ellos Raphael, Miguel Bosé o Miguel Caiceo.



En mis trece 2.0 (Nuevo espectáculo de Millán Salcedo)


ENLACE: 
https://www.youtube.com/watch?v=CPxZDsTiprk





Una sorda de Móstoles y sus empanadillas lo catapultaron a la fama en Martes y Trece. Con su compañero Josema Yuste, aquella Nochevieja de 1985 que daría entrada en TVE a 1986, no pudo hacer cumplir mejor para ambos lo de año nuevo, vida nueva. Todo cambió, éxito tras éxito. Ahora Millán sigue insistente en cosechar triunfos y aplausos por toda España. EN MIS TRECE 2.0 es el título de su nuevo show, con el que lleva a cabo una gira nacional que acaba de recalar por Sevilla en el teatro Cartuja Center. En nuestra ciudad se propició la ocasión de que conociera personalmente a la jovencísima pintora y escultora Beatriz Galiano, de 22 años, gran admiradora del humorista. Pero esa admiración se convirtió en recíproca cuando Millán Salcedo recibió de manos de Beatriz el retrato que ya hace varios años había realizado del artista. Millán, muy sorprendido, dijo ante las cámaras, recalcando el nombre de la joven, a la que piropeó de guapísima: “Beatriz Galiano: ¡ojo con esta chica!”.


Pepe Fuertes.


MIGUEL CAICEO

El famoso actor Miguel Caiceo surge aquí de una manera espontánea, desde lo más profundo donde lo siento como una persona muy querida. Y surge trabado emocionalmente de acuarelas y lápices de colores, desde los contrastes propios de un carácter y una forma de ser que percibo en él siempre que lo trato. Y no sabría justificar con exactitud la razón de una tonalidad azul en general, sobre todo la que lo abarca a él. ¿Quizás un instinto venido desde mi infancia? ¿Quizás desde un color feliz de niña que sonreía al verlo en la tele, en los años de su enorme popularidad como doña Paca o el camarero del bar de Los Morancos? Una mágica vida como la mía, llena de milagros maravillosos, me tenía reservada la sorpresa de acabar siendo grandes amigos. Le envío muchos besos azules a mi querido Miguel Caiceo.

Beatriz Galiano


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