SEVILLA CON ATUENDOS DE PRIMAVERA

Sevilla es una pintura inacabada. Y observo en estos días unas pinceladas distintas en mi ciudad. Ahora Sevilla cambia de colores, alternando tonos fríos con cálidos. La veo constantemente en un proceso pictórico sin fin.

En esta estación, muchas cosas cambian: la luz ha pedido una Venia concedida de más horas. Y empieza con ese consentimiento una invasión de claridades formando un degradado más extenso hasta llegar a la noche. A veces el cielo gris rompe de emoción en la tierra sevillana, ofreciéndonos un aroma indescriptible de un ambiente limpio y de flores. El verde se manifiesta provocando una gran luminosidad, y se une a ese resplandor, el río Guadalquivir, que sigue su corriente junto al cantar de los pájaros, formando una sucesión de acordes, una maravillosa progresión armónica. Sevilla le da a cada color una musicalidad distinta. Algunos pigmentos marcan ritmos, otros, un compás. Recorre todo un pentagrama, con sus silencios, notas y demás signos musicales, presidida siempre por una clave de sol.

Los naranjos florecen con el típico, aromático y terciopelado azahar. Me impacta este detalle blanco en las ramas de aquellos e innumerables árboles que me invitan a realizar un apunte en acuarela. Una técnica pictórica que se caracteriza por su viveza, luz y transparencia, el material idóneo para reflejar mi forma de ver las cosas y lo que siento, la verdad es que se ha vuelto mi favorita. Como artista plástica, no puedo evitar plasmar la belleza y el misterio de su magia cromática. Así que, con mis propios tintes me atrevo a pintar los atuendos de su primavera.


Beatriz Galiano.



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